dilluns, 16 d’agost de 2010

QUÉ COMEN LAS MUJERES

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Burger King está que se sale. Primero, fue lo de Manolo, el del bombo, bendiciendo bufandas rojigualdas. Se pasó meses bendiciéndolas, en jornadas de quince horas ininterrumpidas, para que todo aquel que comprase un menú Burger King pudiese llevarse una casa. Por ese sobreesfuerzo, a los pocos días de estar en Sudáfrica animando sin parar, Manolo y su bombo tuvieron que volver rápidamente tras empeorar la neumonía crónica que el primero padece.
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Pues bien, además de esa promoción indumentaria, Burger King ha lanzado este verano una hamburguesa para mujeres. Dice Europa Press: "Burger King ha ampliado su oferta con el lanzamiento de un nuevo producto denominado Chickent Tendergrill, una apuesta de la cadena desarrollada especialmente para el público femenino que, en verno sobre todo, se preocupa por una alimentación más ligera. 'Este nuevo lanzamiento supone un doble desafío para Burger King, ya que por primera vez hemos hecho un producto pensando exclusivamente en las mujeres, pero con la voluntad de convencer también al consumidor masculino', afirmó el director de marketing de la cadena". Fíjense en la habilidad de este hombre al anunciar que, aun buscando el target femenino (como se deduce de su afirmacióm de que han hecho 'un producto pensando exclusivamente en las mujeres'), no se descarta por ello al viril (según se infiere de la frase 'con la voluntad de convencer también al consumidor masculino').
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Que haya hamburguesas para hombres y hamburguesas para mujeres me parece bien, igual que me parece bien que haya sostenes y coquillas. A cada cual, según sus necesidades. En esa misma línea evolutiva supongo que pronto presentarán también hamburguesas para sordos y hamburguesas para calvos. No veo por qué un calvo tiene que comer la misma hamburguesa que un sordo, siendo diferente la sensibilidad auditiva y el lustre capilar de uno y otro. Además, así, el de marketing podrá declarar: 'Hemos hecho un producto pensando exclusivamente en los sordos, pero con la voluntad de convencer también al consumidor alopécico'. Que, en los restaurantes, hombres y mujeres deben tener cartas diferenciadas es algo que empecé a intuir en los setenta, cuando las quiches inundaron los tugurios modernos. Ibas a cenar con una mujer y, si en la carta había quiche, seguro que la pedía. En los ochenta descubrí un libro que parafraseaba el título de la novela de Mailer Los hombres duros no bailan y lo convertía en Los hombres de verdad no comen quiche. Entonces lo entendí. En ese libro, del gran Bruce Feirstein, aprendí por ejemplo que en inglés se llamaba quiche-eater (comequiches) al tipo que sigue lo que toca seguir en cada momento, al conformista acicalado que la segunda oleada del feminismo -la hembrista más que feminista- ve como hombre ideal. No tengan la menor duda de que, si un día un comequiches no encuentra ningún vegetariano abierto y se ve obligado a entrar en un Burger King pedirá la hamburguesa que, aun siendo para mujeres, no le hace ascos a un buen tubo digestivo masculina; ano incluido.

Quim Monzó
a Seré Breve del Magazine
de La Vanguardia, 08/08/10
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