dimarts, 26 d’abril de 2011

NEUTRALIDAD, NO; ¡PARCIALIDAD!

Hace ocho años, un día una señora de Sevilla se fue a una comisaría. Entró, supongo que saludó diciendo ‘buenos días’ o ‘buenas tardes’ –según la hora que fuese- y presentó denuncia contra su marido. Explicó que la había violado. Cogieron al hombre y lo separaron de sus hijos, que en aquel entonces tenían dos y diez años. No los vio más durante los años que duró la espera hasta que la Audiencia de Sevilla lo juzgó y lo condenó a seis años de cárcel. Pero, tras presentar alegación, a finales de 2009 el Tribunal Supremo revisó la condena y valoró dos cosas: “la clara duda de los juzgadores de instancia” y la actitud animosa de la supuesta víctima, que juró o prometió que su marido “no iba a ver más a sus hijos”. Ante esas dudas y esa actitud, decidió absolverlo. Pero desde el 2003 hasta el 2009 ya habían pasado seis años. El hijo que tenia diez había cumplido ya dieciséis, y el de dos ya tenía ocho. Demasiado tarde. Padre e hijos habían perdido para siempre infinidad de momentos y vivencias que hubiesen sido fundamentales en sus vidas, porque, pese a que se estableció un régimen de visitas en un punto de encuentro familiar, esos régimenes de visitas son pura “inoperancia”, explica el Diario de Sevilla, que narra los hechos. Hay que añadir a eso que durante ese tiempo la madre se dedicó a explicar a sus hijos lo malo que era su padre, sin que el padre pudiese ni verlos ni darles su versión de los hechos. La ruptura entre él y ellos parece definitiva.



Y todo, ¿por qué? Pues porque una persona acusó a otra de algo que no se ha podido probar que cometiese. ¿Juzgarán ahora a la mujer? La Audiencia, ¿cogerá ahora a los dos chicos y les explicará que cometió un error? ¿Quién les restituirá los años que no pudieron vivir con él? Nadie. ¿Recuerdan el caso recinte de una chica de Olot que, en Roma, denunció a la policia que la habían violado en la plaza de España y luego resultó que se lo había inventado? Es espectacular la alegría con la que muchas personas recurren a la mentira para joder la vida a los demás en general y a sus cónyugues en particular. Una alegría que viene potenciada por el hecho de que –en las disputas entre esposo y esposa- la ley actual no presupone nunca eso de que todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. En los conflictos matrimoniales es justo al revés: de entrada, todo hombre es culpable, y luego ya se verá. Con lo que, en la disputa por los hijos –por ejemplo-, la mujer tiene la victoria assegurada, a no ser que meta mucho la pata. El pasado mes de julio, el delegado del Gobierno para la Violencia de Género, Miguel Lorente, lo dijo bien claro: en los casos de violencia “nunca hay que cuestionar a la mujer”. Lorente hizo esas declaracions antes de una conferencia en la que explicó que no hay que ser “neutrales” ante la violencia entre personas de distinto sexo porque “esa neutralidad significa que se está dando espacio a la violencia”. Dicho en plata: eso tan bonito de que toda persona tiene los mismos derechos ante la ley, sin distinción de raza, sexo o religión, es una camama. Si eres mujer, puedes manipular o inventarte películas. Sale muy barato.





Quim Monzó al Seré Breve del Magazine
de La Vanguardia del 10/04/11

2 comentaris:

GILIPOLLAS ha dit...

Pero ¿en qué idioma está escrito esto? ¿castellano o catalá? Qué vergüenza transcribir los artículos de Monzó con esta mezcla ortográficamente penosa.

Ciutadà K ha dit...

Tiene usted toda la razón, querido Gilipollas.... el corrector ortográfico me ha jugado una mala pasada y me ha 'catalanizado' algunas palabras del texto del sr. Monzó; gracias a tu comentario he podido solucionarlo.

¡Gracias por tu visita, Gilipollas!