dilluns, 2 de juliol de 2012

CONTRA IRREFLEXION, INTROMISIÓN

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En rueda de prensa, el fiscal de Seguridad Vial, Bartolomé Vargas, anunció semanas atrás que a partir de ahora actuaran contra los padres que lleven a sus hijos en el coche sin las medidas de Seguridad oportunas. El fiscal explicó las conclusiones de un estudio científico sobre las muertes de menores de 14 años en accidentes de tráfico. Leerlo atentamente pone la piel de gallina. Entre el 2008 y el 2010, el 46 por ciento de los menos de 14 años muertos no utilizaba ningún tipo de retención. Se podría alegar que, si el 46 por ciento no lo utilizaba, eso quiere decir que el 54 por ciento restante sí lo utilizaba. Y así es, pero lo espeluznante es que, de ese 54 por ciento, solo el 18 por ciento lo llevaba de forma correcta.
De modo que, al ver todos esos datos y darse cuenta de la situación, a partir de ahora a la que a alguien lo sancionen tres veces por no llevar a los niños con los elementos de protección adecuados y bien colocados, el fiscal de menores intervendrá y controlará a los padres. El control puede consistir en asignar al niño una vigilancia de protección, pero Vargas dejó claro que los padres podrían incluso llegar a perder la tutela por su dejadez y, caso de morir el niño, ingresar en prisión por homicidio imprudente. Estremece leer la parte del estudio que constata que, si hubiese llevado correctamente puestos los elementos de protección, el 51 por ciento de los niños fallecidos en accidente de coche el año pasado habría salvado su vida.

Conozco a muchas personas que al enterarse de la noticia han puesto el grito en el cielo. Lo consideran una intromisión más del Estado en la vida privada de las personas, una especie de obsesión enfermiza en legislar y reglamentar hasta los usos y costumbres más íntimos. Pues, ya me perdonarán, pero a mí me parece la mar de bien. ¿Qué quieren que les diga? Desde hace décadas he ido viendo la inconsciencia con la que algunos padres llevan a sus hijos en el coche. Es aterradora. Cuando suben, los adultos se ponen el cinturón de seguridad, pero, con la excusa de que son unos salvajes indomables, los niños van sueltos, sin cinturón de seguridad, se levantan, se sientan de cualquier forma… Seguro que se trata de padres que adoran a sus hijos, que no mienten cuando dicen que darían su vida por ellos, pero alguna venda deben tener ante los ojos que les impide ver que sus hijos son seres fragilísimos y que, en un frenazo brusco, sus cabezas pueden chocar a una velocidad de vértigo contral o que sea que tengan delante. Y, si en vez de un frenazo es un choque, si los niños no están correctamente sujetos, por su poco pesa saldrán despedidos hacia delante, atravesarán el parabrisas y pasarán a formar parte de ese 51 por ciento de niños muertos en accidente por negligencia paterna. Es indiscutible que, para unos padres a los que se le muere un hijo, no hay pena peor que esa, pero también es indiscutible que hay mucho inconsciente suelto, y que ya basta de tanto niño muerto por culpa de esa inconsciencia. Los menores no tienen por qué pagar con su vida la tontería de sus padres

 Quim Monzó, 01/07/12 a Seré breve
del Magazine de la Vanguardia