dimarts, 7 de maig de 2013

HOBBITS

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Llama la atención el nombre de un de los personajes de Lincoln, la última película de Steven Spielberg. Se trata de William N. Bilbo (James Spader), el periodista y abogado de Tennessee (aunque nacido en Virginia) contratado para hacer el trabajo sucio que asegurara que en el Congreso la mayoría votara a favor de la decimotercera enmienda, la que significó la abolición de la esclavitud en Estados Unidos.
 
¿Bilbo? Sí, resulta familiar. ¡Pues claro! Bilbo Bolsón es el entrañable protagonista de El hobbit, el filme de Peter Jackson que, a diferencia de Lincoln, en los Oscar sólo cosechó unos premios técnicos.
 
El hobbit y El Señor de los Anillos son las obras maestras de J.R.R. Tolkien (1892-1973), un filólogo inglés que tenía trastornos del habla y durante muchos años fue profesor de Anglosajón en Oxford. A este estudioso tan versado en la mitología nórdica le dio por echar mano de esa rica tradición a la hora de ponder nombres a los orcos, elfos o magos, pero ¿de dónde sacó los de los simpáticos hobbits?
 
Cuenta el ensayista Guy Davenport que Tolkien coincidió en Oxford con un profesor de Kentucky llamado Allen Barnett, a quien pedía que le contara historias de su pueblo y que repitiera, una y otra vez, los nombres de sus vecinos. Davenport descubrió que el listín de teléfonos del pueblo natal de Barnett era como el santoral de los hobbits: Bilbo, Took (Tuk), Brandybuck (Brandigamo), Gramgee (Gramayi)...
 
John W. Wilkinson a Globish
del Magazine de La Vanguardia del 28/04/13