dilluns, 24 d’octubre de 2016

CLOWNS


De niño no entendía qué función exacta tenían los clowns en la vida. La tercera o cuarta vez que escuché sus chistes repetitivos me harté. Y siempre el mismo cliché. El payaso de cara blanca, que finge ser listo, y el de nariz roja, peluca grotesca, maquillaje demencial y zapatos enormes, que va de tonto.
- A ver, toca el saxofón -dice el carablanca.
- ¿El chachichón?
- No, hombre. El saxofón.

O aquel otro diálogo, aún más irritante:
- A ver, ¿tú sabes qué es la filosofía?
- Chi, claro: la Filo y la Sofía.

Con éstas dos cartas de presentación no es extraño que, a la que se les empiezan a conectar las neuronas, la mayoría de los niños los miren con recelo. Sólo faltó que, en los ochenta, Stephen King crease un personaje llamado Pennywise, que ens las adaptaciones audiovisuales aparece como un payaso calvo, de cara blanca, nariz roja, traje plateado, tirantes amarillos y colmillos marrones. El éxito fue tal que las productoras cinematográficas vieron ahí un filón. La cantidad de clowns borrachuzos y degenerados que hemos visto desde entonces es incontable. Son ideales para las películas de terror. Su sonrisa exagerada e hipócrita, su aspecto ambiguo, la imposibilidad de ver cómo es realmente su cara...

Este otoño los payasos malvados vuelven a estar de actualidad. Han salido a la luz docenas de fotos y vídeos de clowns deambulando por carreteras con un cuchillo en la mano. En algunos lugares han cerrado escuelas por miedo. Es la psicosis. ¿Los asesinos se visten ahora de payasos para atemorizar más o de repente todos los payaso se han vuelto criminales? El fenómeno empezó en Estados Unidos pero ya ha llegado a Europa, surgen expertos en criminología payasil hasta de debajo de las piedras, y llenan las tertulias. En New Haven, en Connecticut, este Halloween estarán prohibidos los disfraces de clown. Otras ciudades han seguido el ejemplo.

Para reivindicar que no son malos, días atrás los payasos se manifestaron en la ciudad de Tucson, en Arizona. Los organizadores explican: "Es una forma pacífica de demostrar que los payasos no son asesinos psicópatas. Queremos que el público se sienta seguro y no tenga miedo. Por eso, sal de casa, trae a la familia, conoce a un payaso ¡y abrázalo!". ¿Un abrazo? Ni loco, que te dejan la cara pringosa con su maquillaje ridículo.

Quim Monzó a Seré Breve del Magazine 
de La Vanguardia del 23/10/16