dilluns, 20 de març de 2017

CRECED Y MULTIPLICAOS


En el norte de Suecia, junto a la frontera con Finlandia, hay un municipio llamado Overtornea. No sé si debería llamarlo ciudad porque tiene unos cuatro mil quinientos habitantes y nunca sé qué cifra exacta de població marca el límite entre lo que se considera pueblo y lo que se considera ciudad. El caso es que uno de sus concejales, Per-Erik Muskos, ha lanzado una propuesta inusitada: que los quinientos cincuenta funcionarios del Ayuntaniento dispongan de una hora a la semana, incluida dentro del horario laboral, para que puedan irse a casa y dedicarla a mantener relaciones sexuales con sus cónyugues o rolletes, lo que los amantes de los anglicismos llaman ahora 'tener sexo'. Dice el concejal que copular mejora la calidad de vida y el rendimiento en el trabajo: "Es un ejercicio físico óptimo, y la ciencia documenta sus efectos positivos en el bienestar de la persona". 

De entrada, los motivos que alega son de tipo gratificante. Pero, más allá de esa gratificación evidente, hay otro motivo: subir la tasa de natalidad, que en Overtornea va cada vez más de baja. Si gracias a esa hora semanal consiguiesen que hubiese más nacimientos, se daría por satisfecho. Dice el concejal Muskos: "Además, debemos animar a la gente a procrear. Muy a menudo, con la estresante vida actual, la gente copula poco". El municipio (¿ciudad?) está muy lejos de las dos principales urbes suecas, Estocolmo y Göteborg, y muchos jóvenes emigran a ellas porque es donde encuentran las grandes oportunidades laborales. La medida la votarán en un pleno municipal de aquí a dos meses. Consultada al respecto, la sexóloga Malin Hanson dice que, si dependiese de ella, no limitaría la medida a Ovetornea sino que la introduciría en todo el país. 

Supongo que la cosa funcionaría más o menos así. El funcionario apagaría su ordenador y se dirigiría a su jefe:

- Me voy una horita a casa, a ver si procreo.

Pero ¿y si en vez de eso se va a un bar a tomarse unos vodkas, a dar un paseo o a casa, sí, pero a dormir una siesta, que es una costumbre menos meridional de lo que algunos creen? ¿Y si va a casa con ánimo de procrear y su cónyugue no está? Hasta donde yo sé, uno solo no procrea. Y aún más: ¿y si va a casa, encuentra a su cónyugue a punto y, efectivamente, se ponen a follar de forma desforada, pero uno de los dos utiliza algún tipo de método anticonceptivo? ¿Cómo sabrá el concejal Muskos que no le están tomando el pelo?

Quim Monzó, a Seré Breve del Magazine
 de La Vanguardia  de 12/03/17

1 comentari:

pons007 ha dit...

Potser et demana proves, o sigui que hauràs de fer un vídeo.