dilluns, 14 de març de 2011

TIENEN NUEVE Y SEIS AÑOS...

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Tienen nueve y seis años, uno es alto y esbelto y el otro todavía muy menudo; caminan hablando entusiasmadamente, gesticulando mucho, como si el uno quisiera trepar sobre las ideas del otro. Una conversación sobre asuntos fantásticos, orcos y gnomos, vampiros y monstruos inmortales. Pero Adam, pía Ofer, no lo entiendo, ¿el hombre lobo es un niño que ha nacido en una familia de lobos? Puede ser, responde Adam muy circunspecto, aunque quizá solo esté enfermo de licantropía. Ofer intenta, en vano, repetir la palabra.
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Antes de quedarse dormidos, a oscuras, en las camas que tienen muy juntas siguen charlando. ¿El dragón verde, el del aliento de nube de gas de cloro que tiene unas posibilidades de aprender a hablar del treinta por ciento, es más peligroso que el negro que vive en los pantanos y en las marismas salinas y echa ácido puro por la nariz? Ora, con un montón de ropa para lavar entre los brazos, se detiene a escuchar a través de la rendija de la puerta entreabierta. 'Muerte Loca', dice Adam, es una criatura que ha perdido el seso. ¿De verdad?, susurra Ofer, con admiración y puede que hasta con miedo. Mira, también me he enterado de esto otro, prosigue Adam, y es que también se puede convertir en un zombi enfermo mental que lo único que quiere es matar y a los que él mata se convierten durante una semana en un zombi loco como él, que siempre acompaña a Muerte Loca.
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¿Pero existen de verdad?, le pregunta Ofer con voz ronca.
Espera, que todavía no he terminado, le responde un entusiasmado Adam. Una vez al día todos los zombis locos de Muerte Loca se unen formando una enorme bola de muerte loca.
¿Pero eso no es verdad, a que no?, dice Ofer con un hilillo de voz.
Me lo he inventado yo, le contesta Adam con dulzura, y por eso solo me obedece a mí.
Pues invéntate también algo para mí, le pide Ofer con urgencia, invéntate algo para que yo pueda luchar contra ella.
Mañana, murmura Adam.
Ahora, ahora, pide Ofer, no voy a poder dormirme si no te inventas algo para mí.
Mañana, lo corta Adam.
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Ora oye esos finos alambres con los que se van entretejiendo las dos voces, los alambres del miedo, de la crueldad, de la rendida súplica, del poder de salvació y de la negación de la salvación que puede que también sea el miedo a ser salvado porque, no en vano, todo eso no es más que ella misma, incluso la crueldad de Adam, que tanto la subleva, que tan ajena le resulta, pero que en ese momento también la conmueve de una extraña manera, como si le revelara algo que ella nunca se habría atrevido a averiguar de sí misma. Los dos, Adam y Ofer, se van desenrollando del alma de ella como de una madeja de doble cabo.
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Buenas noches, dice Adam, y se pone a roncar sonoramente.
Ofer solloza en su cama. Adam, Adam, no te duermas, tengo mucho miedo de Muerte Loca, ¿puedo ir a tu cama?.
Entonces Adam deja de roncar e inventa para Ofer un Skort, un Stark y un Hombre Halcón, mientras le explica con todo detalle las características de cada uno, las medidas que tienen y sus habilidades, y a medida que habla la voz se le tiñe de una ternura nueva, y Ora notan un estremecimiento en la espalda al ver cómo Adam disfruta defendiendo a Ofer, cómo lo envuelve entre los cojines protectores de su imaginación, su punto fuerte, su único punto fuerte. Porque esos cojines hechos de bondad, de compasión y de amparo que brotan ahora de Adam, son también un poco de ella, cuando entre las palabras de Adam oye de pronto la suave respiración de Ofer, que se ha quedado dormido."
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David Grossman (2008:557-559)
La Vida entera
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4 comentaris:

Vane ha dit...

M'encanta..

Ciutadà K ha dit...

Doncs li recomano molt molt el llibre sencer, Vane. Un llibre preciós, valuós, sensible, sentit i emotiu... un goig! pesqui'l quan pugui!

laura ha dit...

qué bonito, es tan dulce...

Ciutadà K ha dit...

...¿a qué sí? pues el libro entero es una maravilla...