dilluns, 21 de maig de 2012

DEMASIADOS JUDAS MUERTOS

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Las pasiones vivientes son representaciones teatrales de la vida, muerte y resurección de Jesucristo que se dan en muchos países de Europa y de Sudamérica, generalmente en Semana Santa. En Brasil, este año, una de esas representaciones acabó fatal cuando el actor que interpretaba el papel de Judas se ahorcó durante la escena en la que este, arrepentido por haber traicionado a Jesucristo, se pone una soga alrededor del cuello, tal como se refiere en el Evangelio de San Mateo.  La tragedia se produjo el día de Viernes Santo. Aparentemente, todo iba como una seda hasta que los demás actores empezaron a notar que pasaba algo raro y bajaron a Judas de la cuerda. Había estado cuatro minutos realmente ahorcado, lo que, al faltarle el oxígeno, le produjo una hipoxia cerebral. Lo llevaron a un hospital, donde estuvo en coma casi tres semanas, tras las que murió.

Según la policía hubo dos problemas. Uno: el lazo de la soga no estaba bien hecho; es decir: de forma que el actor pudiese fingir que se ahorcaba sin realmente ahorcarse. Dos: el arnés. Al fingir el ahorcamiento, los actores llevan, bajo la túnica, un arnés para que, si el lazo del cuello no está hecho de forma correcta, mantenga al actor a una altura que le impida asfixiarse realmente. Pero, en esta ocasión, sucedió que –supuestamente-el actor sabía como colocarse el arnés, por lo que nadie comprobó que lo hubiese hecho adecuadamente.

El papel de Judas es el más peligroso de todos los de las pasiones vivientes. Hace doce años, también en Semana Santa, en una que se celebró en Italia –en Camerata Nuova, un pueblo a unos 75 kilómetros de Roma-, un muchacho de 23 años interpretaba el papel de Judas. Llegó esa misma escena en la que se suicida por haber traicionado al Jesucristo y el muchacho se colgó del árbol  perceptivo. Para su desgracia –y la de sus padres, que contemplaban la representación-, el lazo estaba demasiado apretado, o al menos eso fue lo que dijo la policía. Lo llevaron al hospital, pero tampoco pudieron salvarlo.

Visto todo lo cual, se imponeun cambio de método de suicidio para los Judas de las pasiones vivientes. Está claro que lo de ahorcarse es demasiado peligroso. Vale que el Evangelio diga que Judas se colgó de un árbol, pero con el tiempo todo cambia y ni siquiera los vestidos que usan los actores de las pasiones se corresponden con los que vestía la gente en la Palestina de hace dos mil años, sino con la imagen que la pintura y el cine nos han dado de ellos, haciéndonos creer que realmente eran esos. Y todo, por el miedo a los anacronismos. A mí me encantaría que, en una pasión viviente, Judas sacase una pistola de fogueo y se disparase en la sien. Denle el puesto de director de escena a Calixto Bieito y no sólo sacará a todos los apóstoles vestidos con trajes de Armani sino que además Judas se suicidirá chocando suavemente su Lamborghini de atrezzo contra el decoro de cartón piedra de un rascacielos de Santiago Calatrava. Que se ahorcase Judas es una cosa, y otra muy diferente que ahora mueran ahorcados los actores que interpretan su papel

Quim Monzó a Seré Breve 
de El Magazine de La Vanguardia de 20/05/12